lunes, diciembre 18, 2006

TODOS COMETEN MEMORIA HISTÓRICA





Ni Trapisonda ni nadie sabe lo que la Iglesia cuece. O sea, sí se sospecha: desengancharse de la historia como ya se desenganchó del franquismo, y no aparecer como parte interesada en el estallido de la guerra. Esta vez, un historiador se presta y no se trata ya de verdades o de mentiras, sino de la modificación de la óptica católica, como verá el lector. Por si las moscas, que sepa que el número de gentes de iglesia asesinas ha bajado hasta cuatro mil y que no se recuerda la pastoral de los obispos españoles de entonces, que estaban en mitad de la matanza y no tenían tiempo de andar con su diplomacia florentina, como las dagas. Además, se dice que la España Nacional era bastante contraria a la Iglesia... ¡Oh, maravilla!


"Vicente Cárcel Ortí:
«Los documentos vaticanos revelan su resistencia al Gobierno de Franco»

POR JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL FOTO GRZEGORZ GALAZKA ROMA.

La milenaria tradición vaticana de archivar y conservar documentos está resultando una mina de oro para los historiadores españoles. La apertura de los documentos del Pontificado de Pío XI (1922-1939) en el Archivo Vaticano pone a disposición de los estudiosos decenas de miles de fuentes inéditas -de la Nunciatura en España y de la Secretaría de Estado en Roma- que el historiador Vicente Cárcel Ortí (Manises, 1940), autor de cuarenta libros, está catalogando para elaborar la edición crítica de los documentos referentes a España, especialmente de dos períodos claves: la Segunda República y la Guerra Civil. En tres meses de trabajo, las sorpresas son ya abundantes.

-¿Cuál es el aspecto más interesante que reflejan los documentos inéditos?

-Sin duda, ver el tremendo esfuerzo de los enviados de Franco para obtener el reconocimiento del Vaticano. Lo pide el general Miguel Cabanellas, presidente de la Junta de Defensa Nacional, en un mensaje del 29 de julio de 1936, a los 11 días del comienzo de la Guerra Civil. A pesar de la continua presión de Franco, el Vaticano mantendrá sus relaciones diplomáticas con la República y no reconocerá al Gobierno nacional hasta 1938.

-Pero el Vaticano, ¿no era hostil a la República?

-Cuando el 14 de abril de 1931 la República se autoproclama a raíz de unas elecciones municipales y el Rey se marcha, el Vaticano reacciona con pragmatismo. El Gobierno provisional declaró que respetaría la Iglesia y pidió que la Iglesia y sus ministros respetasen a la República. Por ello, la Santa Sede reconoció a la República y, desde el primer momento, recomendó a los obispos y a los católicos una actitud de acatamiento y sumisión e, incluso, de abierta colaboración en defensa de los intereses superiores del país.

-¿Estaban preparados los católicos españoles para un cambio tan radical?

-No, porque eran, en su mayoría, conservadores fervorosos, y la Iglesia española estaba identificada con el antiguo orden, en lo político y en lo económico.


-¿Era necesario para la República atacar a la Iglesia?

-No. Se podría haber establecido un sistema democrático liberal de «vive y deja vivir», que era la meta del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, y de los republicanos moderados. Pero la izquierda socialista insistió en imponer al Gobierno una línea radical y lo consiguió.

-¿Cuál es el momento más dramático de esa etapa?

-Sin duda, el 18 de julio de 1936 y el inmediato desencadenamiento de asesinatos de sacerdotes en Barcelona, Madrid y otros lugares de España en una persecución religiosa sin precedentes. En ningún país se ha asesinado a 13 obispos y más de 4.000 sacerdotes, religiosos y religiosas, incluidas monjas jóvenes y ancianas. Era una persecución gubernamental. El ministro vasco Manuel Irujo la denunció en un Consejo de Ministros, en 1937, y propuso restablecer la libertad de los sacerdotes y la reapertura de los templos, pero el Consejo de Ministros lo rechazó por unanimidad.

-¿Cómo se puede valorar esa decisión?

-Según el historiador Antonio Domínguez Ortiz, «la persecución religiosa fue, aparte de una atrocidad, un tremendo error, y uno de los que más perjudicaron a la causa republicana. No esperaron a ver qué actitud tomaba la Iglesia ante el pronunciamiento; desde el 18 de julio los hostigamientos y agresiones, ya tan frecuentes desde las elecciones de febrero, se convirtieron en persecución abierta y encarnizada.

-En vista de eso, el Vaticano debería dar enseguida su apoyo a Franco...

-Pues, a pesar de la continua insistencia de sus representantes, no lo hizo. Entre los documentos inéditos figura el acta de una reunión de cardenales sobre el caso español el 14 de junio de 1937. El Cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, entonces secretario de Estado, insistió en que no se debería reconocer al Gobierno de Franco sino seguir manteniendo relaciones con el de la República.

-Pero algunos han acusado al cardenal Pacelli de simpatías filonazis...

-Es rigurosamente falso. Según el acta, afirmó que es inútil «meterse en el bloque fascista, compuesto por el lejano Japón, Italia y Alemania. Y, además, la Alemania nazi, que persigue a la Iglesia». Según Pacelli, reconocer a Franco «daría la impresión de que la Santa Sede estuviese de acuerdo con ese grupo en que hay quienes quieren destruir la religión. Incluso entre los seguidores de Franco hay algunos con tendencias nazis que divinizan a Hitler.

-No está nada mal para una persona a quien acusaron de ser «el Papa de Hitler»...

-Estos documentos desmontarán muchos bulos inventados para alterar, a beneficio propio, la realidad histórica. En el acta de aquel día se refleja el malestar del Vaticano en términos claros: «!Qué los nacionales dejen no sólo de importunar a la Santa Sede (para obtener el reconocimiento diplomático) sino también de criticarla como, por cierto, han hecho siempre!

-¿Cuánto tiempo necesitará para ultimar la edición critica?

-Quizá dos años, pues son decenas de miles de documentos. Tan sólo de la Nunciatura en España tenemos 200 cajas con una media de 600 a 800 papeles. Tenemos, además, miles de despachos. El nuncio Federico Tedeschini (1921-1936) envió más de ocho mil. Y millares de documentos internos del Vaticano en Roma. En su conjunto, son documentos de historia de España, no de historia de la Iglesia.

-¿Qué nos enseña estudiar lo que pasó?

-Es curioso observar cómo ese periodo, que marcó tanto a España, sigue hoy de nuevo vivo. Es más, parece que se están repitiendo muchos errores de entonces, quizá por una parte y por otra. A mí me impresiona el juicio del historiador Antonio Domínguez Ortiz: «La persecución religiosa fue un tremendo error, uno de los que más perjudicaron la causa republicana».
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